Las perspectivas de la vida
La vida se enciende en la concepción y se apaga cuando nuestro corazón genera sus últimos latidos e inhalamos y exhalamos profundamente por última vez. Ahí se inicia un viaje que desconocemos ¿a dónde nos llevará? A pesar de que existen muchas teorías, mitos y testimonios de lo que nos espera a todos cuando salimos de nuestro cuerpo físico: Nadie lo sabe.
Lo que si queda claro es el
legado que dejamos aquí en este mundo, recuerdos, frases, vivencias,
sentimientos, alegrías y diversas situaciones en aquellas personas con quienes
en el desarrollo de nuestras vidas compartimos el camino.
Siempre me gusta decir que la
“vida es una sola” y que ello implica, por tanto, disfrutarla a pesar de las
circunstancias que nos tocan vivir. Más aún cuando, a modo de metáfora, no
sabemos en qué momento llegaremos a la estación en donde debamos de bajar.
Muchas veces nos quejamos de
lo que nos falta, pero no valoramos muchas veces lo que tenemos, incluso lo que
nos sobra, nos volvemos por momentos materialistas, soberbios y egoístas. Solo
apelamos a la fe, cuando estamos en una situación difícil, en un momento
complicado o en donde las puertas se han cerrado.
¿Es la vida entonces un camino
difícil? o ¿Fácil?
Muchas me veces me pregunte
por que las personas buenas mueren pronto y se quedan aquí muchas que no tienen
valores, principios y que incluso afectan a la sociedad en su conjunto.
Ante ello, todo este ir y
venir de nuestras vidas, ¿es acaso un ciclo ya determinado desde el momento de
la concepción? ¿O es que este camino que puede durar muy poco o muchos años, se
va desarrollando conforme lo vivimos? ¿Tenemos acaso cada uno de los seres
humanos una misión específica que cumplir aquí en este mundo? ¿el karma existe?
¿existe la reencarnación?
Cada una de estas preguntas
tiene posiblemente infinidad de aristas, de respuestas de todo tipo, algunas
simples, otras complejas dentro de teorías y cuestiones religiosas o
filosóficas, pero lo que sí está claro es que somos aves de paso en este mundo,
que somos materia física, con necesidades de supervivencia, que nuestras
emociones pueden manejar en muchas ocasiones nuestras decisiones, nuestros
cambios de rumbo y que vivimos en un mundo tan activo lleno de información y
dinamismo, que muchas veces no miramos al cielo para ver de qué color esta, o
no nos detenemos y cerramos los ojos para escuchar el trinar de los pájaros al
amanecer.
Adicionalmente, son tiempos en
los cuales nos toca vivir como sociedad con diferentes formas de ver la vida y
de reaccionar o tomar posición respecto a lo que puede o no afectarnos de
manera individual más que colectiva.
Convivimos pues, con muchas
personas que consideran que la vida carece de significado, propósito o valor
objetivo. Niegan la existencia de verdades absolutas, moralidad trascendente o
un orden superior, llegando a la negación de creencias religiosas, políticas o
sociales establecidas.
Aunado a ello, también están
aquellas personas que consideran como suficiente la siguiente forma de ver las
cosas o de razonar: “toda verdad depende del punto de vista”, lo que conlleva a
la permisividad, apartándose de los valores personales y del sentido común.
Actualmente se tiende a romper
la ley natural con la pretensión engañosa de que cada ser humano construye su
propia naturaleza, rechazando la que ha recibido, en donde cuestionan la
existencia de cualquier principio moral. Viviendo en un mundo con tendencia al
materialismo y consumismo, en donde se prioriza la acumulación de bienes y la
validación externa por encima del desarrollo personal.
En la vida cotidiana, esto
genera a la larga menor satisfacción, relaciones interpersonales
superficiales, amistades temporales, problemas financieros y un estado de
insatisfacción constante al buscar la felicidad en cosas pasajeras. Al
fin y al cabo, una vez que partimos, todo lo material permanece aquí.
Si hablamos de nuestra
sociedad, las personas estamos divididas en grupos que interpretamos la
realidad desde posiciones opuestas e irreconciliables, lo cual debilita los
espacios comunes de diálogo, consenso y cooperación.
Considerando que cada persona es
un universo diferenciado, en base a nuestros valores, principios, creencias,
crianza, educación, convivencia, oportunidades y demás, debemos de cultivar
nuestra riqueza espiritual, siendo agradecidos, viviendo sin rencor, soltando a
las personas que no suman o que no generan valor en nuestras vidas, sin
sentirnos mal por ello.
Por eso es importante:
Vivir con sueños, ilusiones,
con amor, con proyección de vida, tal como lo planteo Víctor Frankl, teniendo
un sentido de vida y sabiendo las respuestas a ¿quién soy?, ¿de dónde vengo?,
¿a dónde voy?, es decir cuál es mi propósito de vida. Propósito que todos lo
tenemos, aunque a veces demoramos en descubrirlo.
Y algo que las personas
siempre relacionamos en la vida es la felicidad.
Al respecto, hace algunos años,
el investigador Tal Ben-Shahar realizo un estudio acerca de la felicidad y
concluyo que más que un rasgo genético inalterable, se podía llegar a ella a
través de seis hábitos entrenables:
1.
Optimismo: Siempre poner foco en las oportunidades
y soluciones, en lugar de detenerse únicamente en los problemas y solo
quejarse.
2.
Resiliencia: Tener la capacidad de adaptarse y
recuperarse rápidamente ante los cambios, las adversidades o los fracasos.
Emocionalmente es fundamental. No venirse abajo.
3.
Vínculos genuinos: Es importante mantener
relaciones sociales buenas con familiares, amigos y demás personas. Relaciones
de calidad. Apartar o alejarse de personas únicamente interesadas en lo que
somos o tenemos. Es el habito más determinante para una vida plena.
4.
Gratitud o Agradecimiento: Reconocer, valorar y
agradecer constantemente los pequeños y grandes detalles cotidianos. Practicar
el agradecimiento al levantarse cada día, por lo que tenemos: una cama, un
techo, una familia, salud, etc. Hacer lo mismo al acostarse. Funciona.
5.
Actitud resolutiva: Actuar en lugar de
procrastinar; identificar lo que es verdaderamente importante y concentrar la
energía en ello.
6.
Cuidado físico: Realizar actividad física de
forma regular (como caminar 30 minutos al día), estimulando la producción de
endorfinas y reduciendo el estrés.
Dicho estudio enfatiza que, al
abordar estos aspectos físicos, mentales y sociales, todos ellos se convierten
en un pilar fundamental para el bienestar.
Y si llegamos al bienestar, a
sentirnos bien, también podríamos sentir o percibir el éxito, el cual Richard
St John determina que son ocho los rasgos de las personas exitosas:
1.
Pasión: amar lo que hacemos
2.
Trabajo: Trabajar muy duro, nada es fácil,
debemos de ser muy dedicados y comprometidos en las actividades que
desarrollamos.
3.
Enfoque: Centrarse en una sola cosa, no abarcar
todo, es decir especializarse en algún tema o campo en la vida.
4.
Empuje: Ponerse al límite, superar dudas y
timidez, seguir para adelante en los proyectos que hagamos.
5.
Ideas: Proponer buenas ideas, ser curiosos,
innovar.
6.
Mejora: Ser cada día mejores, practicar y
encontrar mejores resultados.
7.
Servicio: Ofrecer valor a los demás, no pensar
en uno mismo, dejar estela, dejar escuela, trasladar nuestra experiencia.
8.
Persistencia: El éxito no llega de la noche a
la mañana, hay que ser resilientes, si fracasamos, nos levantamos, es decir ser
perseverantes.
Y si sumado a la felicidad y
al éxito hacemos el bien a los demás sin ningún interés, sin buscar un
reconocimiento, ¿cómo se nos aplica la ley del karma?
La ley del karma funciona como
una ley universal de causa y efecto: toda acción, intención o pensamiento
genera una consecuencia. No se trata de un castigo divino, sino de una energía
de correspondencia. Se nos aplica a través de tres mecanismos fundamentales:
1.
Causa y efecto: Lo que sembramos, cosechamos. Si
actuamos con amor y abundancia, atraeremos esas experiencias; si actuamos desde
el egoísmo, se nos generan dificultades. Por consiguiente, no podemos escapar
de las consecuencias de nuestras decisiones.
2.
Intención (Dharma): El peso de nuestras acciones
dependen de nuestro nivel de consciencia y voluntad, siendo más importante la
intención detrás del acto que el resultado.
3.
Aprendizaje evolutivo: Los obstáculos
recurrentes o "rachas de mala suerte" se interpretan como lecciones
necesarias hasta que cambiamos nuestra energía y resolvemos un ciclo
determinado.
El karma no se hereda, el
karma es individual. El Karma se activa en el corto plazo (en esta vida) o en
el mediano plazo (siguiente vida), pero no escaparemos a el.
Y finalmente, respecto a la
reencarnación, En el hinduismo, la reencarnación es el proceso por el cual el
alma eterna (ATMAN) transmigra a través de sucesivas vidas en diferentes
cuerpos físicos. Este ciclo continuo de nacimiento, muerte y renacimiento se
conoce como Samsara y está determinado directamente por el Karma y el Dharma.
Esta religión sostiene que el
alma (ATMAN) es eterna y transita por diversas vidas en diferentes cuerpos
hasta alcanzar el MOKSHA (la liberación del ciclo de la
reencarnación).
Según la filosofía hindú, el
cuerpo físico es temporal: un recipiente que el alma habita por un breve
período. Cuando el cuerpo muere, el alma trasciende, llevando consigo el karma
acumulado (acciones) de esa vida, lo cual influye en las circunstancias de su
siguiente nacimiento.
En el centro de esta creencia
se encuentra la idea de que las acciones de una persona en una vida determinada
moldean directamente las condiciones de su existencia futura.
El alma, portadora de las
impresiones de las experiencias pasadas (conocidas como SAMSKARA), renace
en otro cuerpo, pero con un destino predeterminado por el karma acumulado a lo
largo de sus vidas.
Por ello, la reencarnación se
considera a menudo no solo un fenómeno espiritual, sino también un mecanismo
moral que fomenta una vida ética para asegurar una mejor vida futura.
Finalmente, de acuerdo con todo
lo anterior, lo que hagamos o dejemos de hacer bien o mal, igual siempre estará
con nosotros a lo largo del camino, hasta llegar a la sabiduría o iluminación.
Entonces, ¿la vida es una sola?
(por ahora).
Jorge Padilla
Artículo 41 del Diario de
Bitácora
24 de mayo 2026
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